El fútbol en la gran altura

25/03/13

Para quienes viven en la llanura es riesgoso competir durante 90 minutos a gran altura, a diferencia de aquellos que se han ido adaptando a las condiciones hostiles desde su nacimiento a lo largo de varias generaciones. Un ejemplo de lo que ocurre cuando se somete al organismo a los rigores de la altura fueron los Juegos Olímpicos de México en 1968, realizados a 2.300 metros del nivel del mar. Allí se registraron algunos problemas de salud y distorsiones de resultados en muchas pruebas atléticas. Sin embargo, se tardaron varios años en mejorar algunos récords obtenidos por atletas africanos, habitantes de regiones montañosas, los que superaron a los fondistas campeones mundiales. Estos últimos, que provenían de regiones planas, estuvieron tratando de adaptarse a la altura durante años y fracasaron estrepitosamente.
Los efectos que produce la gran altura como la de La Paz, Bolivia, son conocidos como mal de la montaña, puna ó soroche, y fueron descriptos por el jesuita José de Acosta en 1590. Diaramente se publican trabajos científicos dedicados a conocer la adaptación a las condiciones hostiles como el frio, la falta de gravedad, la aceleración ó las profundidades. En la ciudad de La Paz, a 3.750 metros sobre el nivel del mar, la presión atmosférica del oxígeno es de 473 mm de mercurio, cuando en Buenos Aires, a nivel del mar, alcanza los 760 mm de Hg. Dicha disminución ó hipoxia genera una presión de oxígeno intralveolar de 53 mm de Hg, siendo que a nivel del mar es de 103 mm de Hg. En aquella altitud denominada sólo allí de gran altura, comparativamente con México (2300) ó Bogotá( 2680) las competencias deportivas de 90 minutos deben enfrentar un enemigo importante como son las condiciones adversas por déficit de adaptación al medio.
El Dr. Jean Coudert, destacado fisiólogo francés, realizó durante años experiencias en el Instituto Boliviano de Biología de la Altura, en La Paz. En dicho Instituto, paradójicamente creado por los mismos bolivianos, se investigan las diferencias significativas de la fisiología en las poblaciones a nivel del mar –por ejemplo, Santa Cruz de la Sierra-, comparadas con las que residen en la gran altura. Todos los estudios realizados convergen en la dificultad de los músculos para obtener la cantidad suficiente de oxígeno debido a la escasa presión del mismo en la atmósfera. Además, los trastornos provocados por la altura son exacerbados por el esfuerzo físico, luego los síntomas clásicos de dolor de cabeza, mareos, náuseas, lipotimia, sangrado de fosas nasales y dificultad para conciliar el sueño serán casi una constante. Por el déficit de oxígeno se produce una reacción instantánea de la médula ósea generadora de los glóbulos rojos, aumentando su producción dado que ellos son los transportadores naturales del oxígeno por el organismo. Dicha propiedad supletoria origina un aumento de la viscosidad de la sangre, con lo que somete a la fibra muscular del corazón a un esfuerzo mayor para el cual está preparado.
El consejo médico para todos los colegas a cargo de un plantel de fútbol en la gran altura es viajar a Santa Cruz de la Sierra, poca ingesta de alimentos, hidratarse en gran escala aún por vía endovenosa y buen descanso. Si fuera posible, viajar en charter con la finalidad de estar sólo dos horas ántes del partido en el Estadio de La Paz y jugar. De esa forma la médula "no se entera", por así decirlo, de su función supletoria. En conclusión, el ambiente hostil que representa un escenario a 4000 metros de altura implica una exigencia a la que sólo pueden adaptarse quienes nacen y viven en alturas similares.

Dr. Luis Pintos