Traumatismos musculares

20/05/15

Los traumatismos musculares son los que más proliferan debido al intenso ritmo que adquirieron los partidos de fútbol en la actualidad. La fricción en la disputa del balón es casi permanente y causa fundamental del Síndrome Compartimental, por lo que se impuso el uso obligatorio de canilleras protectoras desde el mundial de 1990 en Italia.
Es sabido que los músculos están contenidos en celdas aponeuróticas poco flexibles, con lo que cualquier agente traumático directo puede generar un derrame hemático que ocupa un lugar inextensible. Ello ocasiona compresión de los elementos nobles que componen dicha zona agredida. El peor de los pronósticos es la isquemia arteriolar. Luego la persistencia de ella por más de 12 horas acarrea necrosis muscular infortunada. Hemos visto en dos ocasiones y en arqueros, hematomas del músculo psoas a nivel lumbar por impacto con la rodilla del delantero en un salto. Uno de ellos presentó una paresia del nervio crural, por lo que se drenó quirúrgicamente y logró su rehabilitación al cabo de tres meses. También tuvimos cuatro delanteros con traumatismos directos sobre la zona de músculos gemelos, los que produjeron compresión de pequeños vasos con estasis y edema doloroso, y un quinto jugador con traumatismo del tercio medio del cuádriceps en cara externa. Ello ocasionó un derrame denominado de Morel Lavallee. Dicho contenido de sangre encapsulado tiene la característica de ser a la palpación una masa blanda  “en oleaje”. Esta característica, al ser extracompartimental, ofrece el mejor pronóstico, dado que por simple punción se drena totalmente sin signos de compresión compartimental. Sin embargo, también ocurren estos episodios de cuidado sin agente traumático directo, y lo ocasiona un trabajo muscular repetido intenso, como generalmente observamos en pretemporadas. Allí el ejercicio intenso hipertrofia la masa muscular de tal forma que puede verse comprimida dentro de sus “envases aponeuróticos” y ello ocasionar el síndrome que nos ocupa.
El ejemplo típico se ha dado en cara posterior de pierna, dado que una estructura muscular superficial llamada sóleo, en su borde superior o anillo del sóleo configura una celda fibrosa y comprime así a los músculos flexores y tibial posterior que pasan por debajo, contra el plano óseo de la tibia. Fueron dos delanteros y dos marcadores laterales los que padecieron parestesia de los músculos del tobillo y dedos, con dolor importante al movilizar el miembro buscando distender dicha región. Nunca medimos la presión intracelda, pero en dos casos realizamos fasciotomía quirúrgica para evitar daños mayores.
En los casos restantes y que no presentaron derrames, las lesiones evolucionaron con intenso dolor a la palpación en el sector de la inserción proximal del sóleo y el tratamiento incruento se llevó a cabo con infiltración corticoidea anestésica, reposo absoluto y relajantes musculares vía oral más fisioterapia de apoyo.

Dr. Luis Pintos.