Fisiología del ejercicio

12/06/15

Debemos dejar en claro que actualmente, para el deportista, existen pruebas que no necesariamente las determina un médico. Un licenciado en física o química, o bien un antropólogo junto a un profesor de educación física, pueden aportar grandes mejorías en el aspecto físico del joven atleta. Específicamente queda en el área médica, el arte de curar, área sobre la que no avanzan aquellos. Por ello el progreso técnico de los últimos años es el tremendo éxito interdisciplinario. Ejemplo claro, la neurociencia en el trabajo diario del deportista.
El conocimiento teórico ahora ha dado paso al conocimiento dinámico, basado en experimentaciones en humanos con registros de todo tipo durante una performance deportiva. Esto último no debe confundirse con la mera determinación de una marca o un récord, aunque el eslabón final sea el logro del éxito deportivo. De los segundos nadie se acuerda. En el máximo de las simplificaciones, cuando el trabajo es breve, el resultado depende casi exclusivamente de pocos grupos musculares. Cuando el ejercicio se prolonga más de dos minutos lo importante es el ajuste de variantes cardiorrespiratorias con el intercambio del oxígeno y el anhídrido carbónico.
Cuando la actividad física es compleja, dada la realización de distintos movimientos, como es jugar fútbol, será difícil obtener un número mágico con sólo sumar exámenes. Debe buscarse algo real y modesto. Por ejemplo, revisar exhaustivamente los factores que favorecen y los que limitan la performance o desempeño.
Es aceptado que el fútbol profesional obtuvo progresos enormes, fisiológicamente hablando, en los últimos 25 años. Fundamentalmente influye en ello el menor peso corporal de los indivíduos, dotándolos de mayor fuerza, de mayor velocidad y mayor destreza. Sabido es que estas dos últimas cualidades nacen con el jugador y aquellas que no las poseen deberán esforzarse para mejorarlas mediante distintas técnicas de trabajo especifico. En atletismo, si se compara el record olímpico de 1948 con el actual, al anterior recordman en 5.000 metros le faltaría una vuelta de pista cuando el actual campeón está terminando la carrera. Hoy el futbolista debe procurar junto con otras valencias: saltar más alto, correr más rápido y fatigarse más tarde. Todo ello debe hacerlo en los 90 minutos del encuentro.
Las leyes de la fisiología humana son rígidas y no pueden transgredirse impunemente. Si un futbolista tiene insuficiente potencia anaeróbica o deuda de oxígeno, su capacidad para realizar ejercicios de reacción (piques) estará restringida a un escaso número y éste limitará su correcto accionar durante el encuentro, aunque haya ingerido anfetaminas. Esta falta grave para la ley del dóping además impediría registrar la fatiga que existe igualmente y ese bajón de la última parte del partido será más dramático, adjunto a lesiones musculares de los músculos voluntarios, tanto como los involuntarios representados por los de las fibras cardíacas.
El fútbol es una actividad que involucra fuerza, resistencia, flexibilidad y destreza, todo dinámicamente, de un jugador en relación con un balón y otro sujeto que lo enfrenta, en una superficie aproximada a 7.000 metros cuadrados y durante 90 minutos. El músculo es un esclavo de la mente. Por más que lluevan órdenes y exigencias, si el esclavo es incapaz de cumplirlas de nada servirá que dichas órdenes sean correctas y adecuadas. En otras palabras, esta imagen es, para mi entender, la causa específica de las lesiones a repetición en nuestros días, de los ligamentos cruzados de rodilla, por poner un ejemplo diario. La mente emite cada vez más órdenes desordenadas debido a la velocidad con que se juega. El esclavo, en este caso músculo y articulación, no pueden cumplirle al amo. De allí la lesión por impotencia funcional.
Por último, el factor edad existe. Sabido es que más fructífero es educar que reeducar. El que comienza de joven tendrá mejor basamento físico. Algunos creen que el que madruga... encontrará todo cerrado.

Dr. Luis Pintos