El peligro de la muerte súbita

22/03/16

Como todos los años para esta época, estamos frente al comienzo de las prácticas de fútbol en las Divisiones Inferiores. Siempre vivimos dichos comienzos con el deseo ferviente de que la muerte súbita en nuestros niños jugadores sólo sea un triste recuerdo y sin su presencia en dichos torneos.
La tendencia declinante de la enfermedad cardiovascular en países de un mayor desarrollo se está logrando con una mayor prevención. Para nosotros y desde FAA es el fútbol, pero padece este flagelo todo tipo de actividad deportiva en distintas disciplinas en el mundo.
La muerte súbita es en realidad rara pero trágica, pues se da en la infancia y adolescencia, durante partidos oficiales o bien en las prácticas deportivas. Kenny y Shapiro han puesto al día las anormalidades congénitas vasculares, generalmente asintomáticas y por ende no diagnósticadas en vida y sólo presentes en las autopsias.
Podemos citar las más frecuentes observadas: miocardiopatía hipertrófica, malformaciones congénitas de las coronarias y la ruptura aórtica, formando parte ésta del sindrome de Marfan y por el cual hace años fue desafectado para la práctica del básquet un jugador argentino en actividad, cuando se presentó en Francia para continuar su carrera deportiva.
Tomamos como referencia a nuestro jugador en carácter de deportista competitivo, dado que ello premia la excelencia de la performance y el triunfo, requiriendo para ello un intenso entrenamiento sistemático “que no se suspende por lluvia” ni por deseos de “dormir un rato más”. Luego se enrola a dicho deportista en un jugador altamente entrenado considerado muy sano física y mentalmente. Un verdadero gallito de riña preparado para la adversidad y el rigor, en busca de la tan ansiada escalera a la fama representada semanalmente por la escalerita del túnel para saltar a la cancha. De allí que la muerte súbita sea inesperada y adquiera características de shock y a la vez trágica.
Maron define la muerte súbita como muerte natural por paro cardíaco que ocurre inesperadamente dentro de las 6 horas de un atestiguado estado de salud normal. Y lo toma en una estadística mundial en diversas disciplinas de 1 en 200.000.
Conclusiones: En la Argentina unos 2 millones de niños y adolescentes participan anualmente en distintas actividades deportivas. En el fútbol tomando de 4ta a 9na división en torneos de AFA aproximadamente 4500  son los aspirantes.
De no existir causas como las anteriormente mencionadas y posibles desencadenantes de MS, desgraciadamente exámenes de rutina y exámenes complementarios no logran identificar al deportista en riesgo. Son verdaderamente silenciosas y aquí es donde se agiganta el concepto de nuestra fecha de vencimiento, determinada por Dios indudablemente.
Las pruebas físico-médicas deben ser respetadas celosamente cada año para que el margen de error pueda ser reducido a su máxima expresión. De allí que las instituciones deban proveer a sus cuerpos médicos los medios suficientes para realizar todas las pruebas deseadas según hábitos, exigencias y costumbres de cada niño, sin escatimar esfuerzos para llevarlas a cabo.

Dr. Luis Pintos.