Neurociencia en el fútbol

08/11/17

Se pueden distinguir desde un punto de vista filogenético y funcional tres zonas en el cerebro: Neocortex, Arquicortex y Paleocortex. El neocortex o corteza cerebral es la zona de aparición más tardía y en ella tienen lugar los fenómenos de aprendizaje, juicio, raciocinio y la modulación de movimientos, entre otros. El niño al principio se nutre de datos y conceptos que le llegan de sus mayores y de todo lo que lo rodea, de allí que mientras se desarrolla, funcionalmente, su corteza utiliza la corteza de sus padres para ponerse en contacto con el mundo que lo rodea. Luego toda esa información que llega al cerebro pasa al subconsciente en forma de hábitos y ocupará las zonas bajas del sistema nervioso ó arqui y paleocortex. Digamos que el niño, sin saberlo, se encuentra dirigido, por así decirlo, por la fisonomía de sus padres. El ejemplo para nosotros en fútbol es notorio, en el hábito a pegarle con una determinada pierna a la pelota.
Con motivo de un campeonato infantil de fútbol en los años 70 y siendo yo médico de la AFA, fueron atendidos en dichos consultorios 68 % de niños unidiestros derechos. Luego consultados sus padres, en la generalidad de los casos hubo una dirección de ellos en cuanto a la manera de perfilarse frente al balón.
El desarrollo neurológico en cualquier niño será el siguiente: en su faz de conocimiento del objeto balón que se le viene encima, al ser ofrecido por el adulto que lo rodea -llámese padre-, puede estirar cualquiera de sus dos piernas para contactarla. En cuanto percibe que dicho objeto no le hace daño y observa que su padre lo hace con determinada pierna, acaba de sumar dos conceptos, uno personal y otro de imitación. Ambos quedan grabados en su corteza. A partir de allí en su lóbulo parietal izquierdo realiza la percepción primaria y en la próxima situación identifica al objeto, recuerda la experiencia anterior y sabe que es para pegarle con su pierna o pie poniendo en marcha la formación del arco reflejo o PRAXIA. Será entonces la definición de PRAXIA, “como la realización correcta de los movimientos con un fin determinado”.
Para realizar dicho movimiento de la pulsión de un balón y colocarlo como ejemplo útil, será necesario tener idea del mismo y detectar qué segmentos del cuerpo se pondrán en movimiento para ejecutarlo y crear el arco reflejo, como ocurre frecuentemente al subir una escalera. Siempre observamos la altura del primer escalón y luego subiremos sin mirar el resto de la escalera, hecho éste que puede verse alterado si encontráramos en el camino un escalón de distinto nivel al de la información inicial. Las bailarinas en el teatro sólo reparan en el primer escalón de la escalera, para luego descender observando al público.
En el niño jugador observaremos que utiliza su pierna diestra o siniestra según su aprendizaje, sin pensarlo siquiera en la primera acción, luego si tiene tiempo a dominar el balón y pensar en lo que le puedan haber propuesto en la enseñanza, podrá llevar a cabo dicha acción ó no. Ello ya pasa a formar parte de la maduración y aprendizaje motor por gestos repetidos, durante la semana o meses. La variedad de perfiles depende del grado de mielinización de las fibras nerviosas, entendiendo por mielina la cobertura de cada fibra nerviosa. Ese desarrollo se llevará a cabo en los dos primeros años de vida y permitirá coordinar los movimientos del cuerpo.
El gateo, por ejemplo en el bebé, será una actividad vital en el desarrollo de la musculatura del tronco vertebral. El niño que por causas varias omita dicha experiencia, perderá un valioso aporte para el desarrollo neuromuscular a futuro, en dicho raquis. Los educadores físicos deben inculcar a los niños a utilizar el miembro opuesto al hábil, desde la realización de ejercicios groseros hasta ir afinando los mismos en detalle. Así serán incorporados al disco rígido del niño en cuestión.

Dr. Luis Pintos.