Fútbol en jornadas calurosas

19/01/18

 INTRODUCCIÓN

 
Quisiera refrescar -y nunca mejor expresado el término en estos días- el tema en cuestión. Un 19 de marzo de 1996 me propuso Carlos Pandolfi la posibilidad de abordar este tema acuciante de las altas temperaturas y el desarrollo de los partidos. Consistiría en un detalle médico y precauciones, para ser sometido  a estudio, evaluación y aprobación por las autoridades de la AFA y de la FIFA.
Nuestra agremiación, y en este caso mediante la inquietud de Carlos Pandolfi, se comprometía a plantear una sugerencia escrita a las autoridades máximas del fútbol argentino, para llevar a cabo la implementación de un plan de hidratación del jugador in situ. Ello se efectuaría durante el desarrollo de los encuentros y se adjuntaba la idea de realizar una detención de minutos en cada período del partido.
 
DESARROLLO

Como vemos, hace  años que nos venimos ocupando de este tema tan importante, como es la hidratación del deportista durante el desarrollo del partido, junto al horario de comienzo del mismo.
Todo organismo expuesto a altas temperaturas durante la exigencia física en el desarrollo de un partido de fútbol tiene la posibilidad de padecer una alteración organica que se manifiesta por que el 80% del agua presente en la sangre y que da al torrente sanguíneo la fluidez necesaria para ser bombeada por la musculatura del corazón a cada instante, se observará disminuída, debido a la sudoración aumentada producto del acto deportivo. Junto al componente acuoso se liberan sales de nuestro medio interno y con ello se pierde el equilibrio que permanentemente se genera en el interior del organismo, con respecto a la exposición al medio ambiente.
Luego el corazón encontrará un líquido más viscoso para hacer circular por arterias y venas, generando un sobresfuerzo de sus fibras musculares, al que de por sí son sometidas por el esfuerzo físico del deporte.
El fútbol profesional genera un estrés competitivo que aumenta por distintos factores día a día. Ello lo padece el sistema cardiovascular y respiratorio por un aumento de la adrenalina de la glándula suprarrenal, dado que su acción es vaso constrictora. Luego las arterias disminuyen su luz, generando más presión al transporte del líquido elemento.
El futbolista pierde, de acuerdo a  la intensidad del entrenamiento diario, desde 800 gramos a 1 kilo de peso debido a su transpiración. En cambio, durante el partido, considerado de 60 minutos de trabajo efectivo sin pausa y tomando en cuenta su ubicación en el campo de juego, pierde de 2 a 3 kilos según cada organismo. La piel padece, ya que se agota la acción de las glándulas sudoríparas -que tratan de mantener fresca la piel- frente al calor y humedad que ofrece el medio ambiente. Todo esto incrementado desde aquella fecha del 19 de marzo del 1996 hasta nuestros días, pues actualmente el esfuerzo físico y sus cargas son superiores.
Frente a este resumen de la fisiología del ejercicio y del cual existen extensos tratados medicos presentados, fue como preservamos la salud cardiorrespiratoria de nuestros jugadores. Elevamos nuestra inquietud en aquel momento por la aplicación de un plan de hidratación in situ, durante breves minutos en el primer y segundo tiempo. Felizmente fue aprobado y es el mecanismo que se realiza en nuestros días. En cuanto al horario de los partidos, está demostrado que no alcanza a disminuir un grado de temperatura por hora y fundamentalmente la humedad no declina por horas. Sin embargo, por entonces aceptábamos originalmente jugar con temperaturas no mayores a los 28 grados, junto a la suspensión de los partidos preliminares.

Dr. Luis Pintos